Por Rafael De Ambrosi, CEO de Twin Finance
Hace poco más de un año, el 18 de julio de 2025, Estados Unidos aprobó la GENIUS Act, una ley con un efecto que vale la pena entender incluso para quien nunca usó una stablecoin ni sabe bien qué es eso de «blockchain». Por primera vez, un país líder en la materia definió por ley qué es y qué no es una stablecoin, y esa definición terminó ordenando algo que, hasta ese momento, era bastante confuso en el resto del mundo: cómo regular estas monedas sin caer en el error de tratarlas como una inversión financiera de riesgo. Para entender por qué esto le importa a la Argentina, conviene empezar por el principio.
¿Qué es una stablecoin?
Es más simple de lo que suena. Una stablecoin es una representación digital de una moneda tradicional (dólares, pesos, reales) que permite hacer pagos y transferencias de forma casi instantánea, sin depender de un banco intermediario en cada paso. La palabra clave es «estable»: a diferencia del bitcoin o de otras criptomonedas, su valor no fluctúa, porque cada unidad está respaldada, uno a uno, por activos reales guardados en reservas, como efectivo, títulos públicos de corto plazo y activos líquidos de bajo riesgo. Se emite una unidad digital solo si existe el respaldo equivalente guardado. No hay magia ni apuesta de por medio.
Para un exportador que cobra en dólares, una empresa que le paga a un proveedor en otro país o una familia que recibe una remesa, esto significa algo concreto: pagos más rápidos y más baratos que los que ofrece el sistema bancario tradicional, sin resignar la estabilidad de la moneda que están usando.
¿Qué vino a resolver la GENIUS Act?
Hasta el año pasado, cada país que intentaba regular estas monedas lo hacía sin un criterio claro y muchas veces las trataba como si fueran un producto de inversión, algo parecido a un fondo o una acción, cuando en realidad funcionan como un instrumento de pago. Esa confusión no es un detalle técnico: si un regulador clasifica mal una stablecoin, termina exigiendo reglas que pueden peligrar o limitar los beneficios de nuevas tecnologías, , cuando lo que hace es simplemente facilitar la transferencia de valor. .
La GENIUS Act trazó una línea clara: estableció que una stablecoin de pago es un instrumento digital respaldado en su totalidad por reservas, emitido únicamente por entidades autorizadas y que no puede pagar ningún tipo de rendimiento o interés a quien la tiene. Esa última condición fue la que marcó la diferencia: separó, en una sola ley, a estas monedas de cualquier cosa que se parezca a un producto de inversión.
Esa definición no se quedó dentro de las fronteras de Estados Unidos, se convirtió en el punto de referencia que otros países usaron para redactar sus propias normas, más rápido de lo que lo hubieran hecho solos.
El efecto en América Latina, incluida la Argentina
Cuatro meses después de la sanción de la ley, Brasil publicó su primer marco integral para proveedores de servicios de activos virtuales. En la Argentina, la Comisión Nacional de Valores extendió y amplió su sandbox de tokenización hasta 2027 en ese mismo período. Ninguno de los dos copió el modelo estadounidense (Brasil construyó un régimen más estricto centrado en los proveedores de servicios; la Argentina siguió avanzando a través del derecho de mercado de capitales antes que con una ley específica, no para stablecoins sino para valores negociables), pero ambos tuvieron, por primera vez, una referencia internacional sobre la cual trabajar, en lugar de partir de cero.
Esto no ocurre en el vacío. Según datos de Chainalysis, el valor movido en cripto en América Latina creció 63% entre julio de 2024 y junio de 2025, la segunda tasa de crecimiento más alta del mundo por región. Los reguladores no estaban legislando sobre una posibilidad hipotética: estaban poniéndole reglas claras a una infraestructura de pagos que ya estaba operando a una escala que las opiniones legales informales ya no alcanzaban a sostener.
Por qué esto importa más allá de la técnica
El punto central no es que las reglas de Estados Unidos rijan en la región, porque no lo hacen. El punto es que, gracias a esa definición, hoy «stablecoin de pago» significa lo mismo en Brasilia, en Buenos Aires y en cualquier mesa donde un banco o una fintech evalúe usar una de estas monedas: un instrumento totalmente respaldado, redimible, sin promesa de rendimiento, emitido bajo un marco legal definido. Ese lenguaje compartido es lo que permite que un regulador, un banco y una empresa que nunca se cruzaron puedan hablar del mismo objeto sin tener que discutir primero qué es.
En la región ya se están desarrollando stablecoins denominadas en monedas locales, pensadas para facilitar pagos transfronterizos, bajar el riesgo de contraparte y reducir los costos que hoy impone la intermediación bancaria tradicional. La GENIUS Act le dio a los reguladores de América Latina una vara clara para medirse. La Argentina, con sus propios tiempos y su propio marco, ya está construyendo hacia ahí.
El próximo hito: cuándo entra en vigencia
La sanción de la GENIUS Act no cerró el proceso. La ley entrará en vigor de forma plena el 18 de enero de 2027, o antes si los reguladores federales terminan de emitir las normas de implementación que les exige la propia ley. A partir de esa fecha, todo emisor autorizado deberá demostrar el cumplimiento total de los requisitos de reservas, licencias, custodia y transparencia que fija el marco.
Ese calendario es el que la región seguirá de cerca. Mientras Estados Unidos termina de fijar los tiempos de su propio marco, América Latina sigue construyendo el suyo, con sus propios plazos y sobre la misma definición que trajo la GENIUS Act. La referencia ya está puesta; lo que falta es que cada país termine de trazar su propio camino hacia ella.
