Por Pablo Rutigliano
CEO & Fundador — Atómico 3
Presidente — Cámara Latinoamericana del Litio (Calbamérica)
América Latina conoce de sobra lo que significa crecer sin capturar valor. Es una historia repetida, atravesada por ciclos de entusiasmo extractivo, promesas de desarrollo y una persistente incapacidad para transformar recursos en bienestar sostenido. No por falta de riqueza natural, sino por desconocimiento estructural: desconocimiento de los datos, de los costos reales, de los contratos, de la formación de precios y, en definitiva, de la arquitectura económica que permite convertir potencial en prosperidad.
Durante décadas, la mala administración, la inflación crónica y el ocultamiento de información se naturalizaron como parte del paisaje. En algunos países más que en otros, pero con un denominador común: la ausencia de sistemas confiables para medir, auditar y proyectar valor. La minería, aun siendo uno de los sectores más relevantes de la región, no escapó a esa lógica. Faltan censos, faltan datos consolidados, faltan instrumentos que permitan entender qué se produce, en qué condiciones y con qué impacto económico real.
En ese contexto, hablar de electromovilidad no puede reducirse a una consigna ambiental ni a un titular atractivo. La electromovilidad es, ante todo, una reconfiguración profunda de las cadenas de valor globales. Redefine qué minerales son estratégicos, cómo se financian los proyectos, dónde se forman los precios y quién captura el valor agregado. Para América Latina, y para Argentina en particular, este proceso abre una oportunidad histórica, siempre y cuando se aborde con seriedad técnica y visión de largo plazo.
La minería y el desafío del conocimiento
El primer paso para defender un país no es declamativo: es conocerlo. En minería, ese conocimiento se materializa en un censo minero nacional integral, actualizado y auditable. Un censo no es una planilla burocrática; es la base sobre la cual se construye cualquier política pública razonable. Permite medir capacidades reales, estimar horizontes productivos, evaluar concentraciones, proyectar ingresos fiscales y diseñar estrategias industriales coherentes.
Sin censo, el debate queda reducido al relato. Con censo, el debate se ordena alrededor de datos. Esa diferencia es crucial. Un país que no mide sus recursos no puede defenderlos ni integrarlos a una estrategia de desarrollo. Un país que sí lo hace puede discutir de igual a igual en los mercados internacionales y en las mesas de negociación.
Electromovilidad: una cadena de valor completa
La electromovilidad no se agota en las baterías. Es una cadena compleja que comienza en la exploración minera y se extiende hasta la manufactura avanzada, la infraestructura eléctrica, la logística, los contratos de suministro y los mercados de capitales. El litio ocupa un lugar central en las baterías, pero el cobre resulta igualmente indispensable para el cableado, los motores eléctricos y las redes de carga. Sin cobre, la electromovilidad no funciona; sin litio, tampoco.
Pensar esta cadena de valor exige abandonar visiones fragmentadas. No alcanza con exportar concentrados o carbonato; es necesario articular información, contratos y precios de manera transparente. La pregunta estratégica ya no es cuánto se exporta, sino cómo se forma el valor y quién participa de esa formación.
Durante años se discutió si el litio era o no un commodity. Ese debate quedó superado por la realidad. El litio es un insumo crítico en un mercado global altamente demandado. La discusión relevante hoy es dónde se forman sus precios, con qué información y bajo qué reglas. Allí es donde América Latina puede dar un salto cualitativo.
Trazabilidad como infraestructura económica
La trazabilidad suele presentarse como un concepto técnico, pero en realidad es una infraestructura económica. Trazar un mineral implica vincularlo a datos verificables: origen, volumen, calidad, costos, contratos, tiempos y destinos. Esa información, cuando es confiable y auditable, permite proyectar valor económico futuro y reduce la discrecionalidad.
En economías donde la opacidad fue moneda corriente, la trazabilidad representa un cambio cultural. No se trata solo de tecnología, sino de ordenar incentivos. Donde hay datos, la corrupción pierde espacio. Donde hay registros verificables, la intermediación opaca se reduce. Donde hay información compartida, la formación de precios se vuelve más justa.
La tokenización, entendida correctamente, es una herramienta dentro de este esquema. No como un fin financiero en sí mismo, sino como un mecanismo de registro y verificación que fortalece la trazabilidad. Tokenizar es diseñar sistemas donde cada paso queda documentado, donde el dato sustituye al relato y donde la confianza se construye sobre evidencia.
Mercado de metales: formar precios para capturar valor
Uno de los déficits históricos de la región fue aceptar precios formados afuera sin contar con referencias propias. La construcción de un mercado de metales regional, digital y trazable aparece como una respuesta concreta a ese problema. No se trata de confrontar con mercados existentes, sino de complementarlos con información real y contratos adaptados a la realidad productiva latinoamericana.
Un mercado de estas características permitiría:
- Informar precios de referencia con datos auditables.
- Reducir asimetrías de información entre productores, compradores y Estados.
- Integrar litio, cobre y otros minerales estratégicos bajo un marco común.
- Favorecer una captación de valor más equilibrada a nivel regional.
Formar precios no es un acto de soberbia; es un acto de responsabilidad económica. Cuando los precios se forman con información transparente, la manipulación pierde margen y la planificación gana previsibilidad.
Integridad latinoamericana y cooperación
Durante mucho tiempo, el discurso de la soberanía se utilizó para justificar ineficiencias y desigualdades. El desafío actual es distinto: hablar de integridad latinoamericana, de coordinación y de estándares compartidos. La integración no implica diluir identidades, sino potenciar capacidades.
En este proceso, resulta relevante el trabajo que viene realizando Estados Unidos en América Latina para fortalecer cadenas de suministro, transparencia y cooperación técnica. En un mundo atravesado por tensiones geopolíticas, la convergencia alrededor de datos, trazabilidad y reglas claras se vuelve un activo estratégico. No desde la imposición, sino desde la construcción de marcos comunes que favorezcan la previsibilidad y la inversión productiva.
La electromovilidad ofrece un terreno fértil para esa cooperación. Minerales estratégicos, mercados transparentes y contratos claros pueden convertirse en puntos de encuentro que beneficien tanto a la región como a sus socios.
Capital productivo y desarrollo social
La trazabilidad y la formación de mercados transparentes también redefinen el tipo de capital que llega a los países. Desalientan el capital especulativo de corto plazo y favorecen el capital productivo, aquel que se integra a cadenas de valor, genera empleo calificado y permanece en el territorio.
El impacto social de este cambio es tangible. Cuando el valor se captura de manera más equitativa, las economías regionales se fortalecen. La brecha entre quienes acceden a oportunidades y quienes quedan al margen comienza a reducirse. La trazabilidad, en este sentido, no es técnica: es social.
Los indicadores macroeconómicos pueden mostrar mejoras, pero la verdadera medida del desarrollo se observa en la vida cotidiana. En pueblos donde la minería convive con pobreza estructural, la falta de datos y de mercados transparentes se traduce en exclusión. Ordenar la información es un paso imprescindible para ordenar la distribución del valor.
Una visión y una responsabilidad
Esta mirada no surge del oportunismo ni de la coyuntura. Es el resultado de años de análisis, de observar cómo la anticipación y los datos suelen incomodar a estructuras acostumbradas al silencio informativo. Defender la trazabilidad, la formación de mercados y la integración regional implica asumir costos, pero también asumir una responsabilidad histórica: la de proponer caminos concretos cuando el discurso se agota.
La potencialidad de América Latina no reside solo en sus recursos, sino en su capacidad para organizarlos económicamente. Con censos confiables, mercados de referencia y sistemas de trazabilidad, la región puede pasar de ser proveedora fragmentada a actora relevante en la formación de valor global.
Hoja de ruta para una economía con futuro
Con humildad y claridad, la hoja de ruta es concreta:
- Censo minero nacional integral y auditado.
- Mercados de metales con formación de precios transparente.
- Trazabilidad como infraestructura económica transversal.
- Integración regional basada en datos y estándares compartidos.
- Cooperación internacional orientada a la previsibilidad y el desarrollo productivo.
Este no es un llamado a la confrontación, sino a la construcción. A dejar atrás el relato opaco y avanzar hacia una arquitectura económica que permita capturar valor, generar empleo y reducir desigualdades. La electromovilidad, la minería estratégica y la trazabilidad ofrecen una oportunidad excepcional. Aprovecharla depende de una decisión simple y profunda: informar, trazar y construir mercado.
Cuando el dato reemplaza al discurso, el valor aparece.
Y cuando el valor aparece, la prosperidad deja de ser promesa para convertirse en posibilidad real.
