Javier Molina, analista de Mercados de eToro.- La semana ha dejado una sensación incómoda, de esas que no se explican bien con un titular, pero que pesan cuando uno mira su cartera con algo de perspectiva. Los índices han terminado casi planos, pero el camino hasta ahí ha sido revelador pues hemos visto máximos históricos intradía, ventas abruptas, metales preciosos en modo euforia… y después, el caos.

El SP500 logró cruzar por primera vez el nivel psicológico de los 7.000 puntos, aunque duró poco. Ese hito, que en otro contexto habría sido celebrado, se convirtió en un punto de giro. No porque el nivel fuera “caro” en sí mismo, sino porque coincidió con un cambio sutil pero relevante pues la Reserva Federal dejó claro que el ciclo de recortes no es automático, y el mercado, que había interiorizado una narrativa de liquidez casi infinita, empezó a reajustar expectativas.

El resultado fue un castigo selectivo. Las grandes tecnológicas presentaron resultados razonablemente sólidos, pero insuficientes para justificar el posicionamiento previo. Incluso buenas noticias provocaron ventas. Ese es siempre un síntoma que vigilar pues cuando el mercado deja de premiar lo positivo, el riesgo ya no está en el dato, sino en el exceso acumulado.

Ese mismo patrón se vio amplificado en los metales preciosos. Oro y plata habían pasado, en cuestión de meses, de ser activos defensivos para convertirse en el epicentro del momentum global. Subidas verticales, volatilidad implícita disparada y una desconexión evidente respecto a lo que supuestamente deberían descontar: inflación y tipos reales. El mensaje deja claro que no se estaba comprando estabilidad, se estaba comprando narrativa.

El desplome posterior fue proporcional al exceso. No hizo falta un catalizador macro potente ni un shock en el dólar. Bastó con que el flujo se diera la vuelta. Apalancamiento, estrategias sistemáticas, stops automáticos y pánico minorista hicieron el resto. Lo ocurrido no invalida el papel del oro a largo plazo, pero sí deja una lección evidente de gestión del riesgo pues cuando un activo “refugio” se comporta como un activo especulativo, deja de cumplir su función en cartera.

En paralelo, el frente macro añade más ruido que claridad. El mercado sigue mirando al empleo estadounidense como si fuera un ancla fiable, cuando cada revisión anual demuestra que lo que creemos saber hoy puede cambiar radicalmente mañana. Las cifras llegan tarde, se revisan a la baja y, aun así, se usan para justificar decisiones de inversión inmediatas. No es un problema nuevo, pero sí cada vez más relevante en un entorno donde la política y las instituciones muestran grietas evidentes.

A esto se suma la cuestión fiscal y de financiación pues el Tesoro sigue caminando por una línea estrecha, intentando no tensionar el mercado de bonos mientras reconoce implícitamente que, más adelante, habrá que emitir más y a mayor coste. No es el escenario ideal para asumir que la renta fija volverá automáticamente a ser el colchón perfecto de otras décadas.

Todo encaja en una idea más amplia: la muerte de los dogmas. Durante años, el inversor medio se acostumbró a pensar que ciertas relaciones eran casi leyes naturales (acciones contra bonos, crecimiento contra inflación, riesgo contra refugio). La última década, y especialmente los años posteriores a la pandemia, han demostrado que muchas de esas relaciones dependían de un contexto histórico muy concreto que ya no existe.

Esto no implica que “todo valga” ni que haya que reinventar la cartera cada trimestre. Implica algo más básico y, a la vez, más exigente que pasa por aceptar que el riesgo ya no se gestiona con recetas fijas, sino con equilibrio, diversificación real y humildad frente a la volatilidad.

El mensaje de fondo no es bajista ni alarmista. Es prudente.

Las tendencias pueden seguir, los mercados pueden subir y los relatos pueden prolongarse más de lo que parece razonable. Pero cuando el comportamiento de los activos empieza a parecerse más a una burbuja que a un mecanismo de preservación de valor, el trabajo del inversor no es adivinar el máximo, sino asegurarse de que un giro brusco no comprometa la supervivencia de la cartera.

En esta década, más que nunca, gestionar riesgo no es renunciar a oportunidades. Es la condición necesaria para poder seguir aprovechándolas.

Qué vigilar esta semana

Semana clave y comprimida, donde lo importante no será el dato, sino la reacción del mercado.

PMI e ISM (lunes–miércoles)

Atención a precios pagados y servicios. Actividad resistente con inflación persistente complica el escenario de recortes y presiona valoraciones.

Empleo (viernes)

El informe de enero marca el tono. Más que la cifra, vigilar bonos y dólar: un empleo fuerte que haga subir tipos largos refuerza el riesgo de una Fed más restrictiva durante más tiempo.

Resultados megacap

Presentan Alphabet, Amazon y AMD. El riesgo no está en “batir”, sino en el guidance: buenas cifras con caídas serían señal de exceso previo.

Niveles técnicos clave

NO SON RECOMENDACIONES de INVERSION. Solo comentarios desde un punto de vista técnico informativo.

1.- S&P 

Desde un punto de vista técnico, el SP500 no está girando, está frenando de momento. Tras un rally muy prolongado, el mercado ha entrado en una fase de consolidación en zona alta, más de digestión que de corrección.

La referencia clave pasa por los 6.700–6.750. Ese nivel ha sido defendido repetidamente y mientras se mantenga, la tendencia de fondo sigue siendo alcista. No hay estructura de giro, solo pausas controladas.

Por arriba, los 7.000 puntos actúan como techo psicológico. El mercado llega, duda y retrocede. No es rechazo fuerte, es falta de nuevos catalizadores. Aquí ya no basta con buenas noticias pues el listón es alto.

La volatilidad es clave y, pese a que aún sigue contenida y no hay máximos decrecientes claros, debe seguir así para pensar que encaja más con una pausa saludable que con distribución agresiva. Si eso no sucede de esa forma, ojo que vienen problemas.

Source: investing.com

2.- BITCOIN (BTC)

La corrección reciente en bitcoin (y también de ethereum) debe entenderse como un episodio de ajuste multifactorial, donde confluyen salidas institucionales, contracción de liquidez, desapalancamiento técnico y un entorno macro más incierto. No se trata de un fallo de la tesis de largo plazo, sino de una fase exigente de redistribución.

1. El detonante inmediato: flujos institucionales en reversión

Por primera vez desde el lanzamiento de los ETF al contado, se encadenan tres meses consecutivos de ventas netas (noviembre, diciembre y enero). Solo en la última semana se han vendido cerca de 15.000 BTC, debilitando el soporte en los niveles altos donde se concentraron las compras institucionales (≈98.000 USD).

Estas salidas han actuado como canal directo de reducción de riesgo, algo especialmente relevante en un mercado que había internalizado la presencia institucional como ancla de estabilidad.

2. Desapalancamiento forzado: el amplificador del movimiento

La retirada de flujos encontró un mercado mal posicionado en derivados. En la sesión más reciente se liquidaron aproximadamente 1.800 millones de USD, con más del 90% correspondiente a posiciones largas.


Bitcoin concentró unos 790 millones de USD y ethereum cerca de 425 millones. Este fenómeno explica la velocidad del movimiento pues no fue pánico, fue falta de liquidez frente a posiciones apalancadas.

3. Oferta adicional: distribución de grandes tenedores

En paralelo, los tenedores de largo plazo han reducido su saldo neto en torno a 144.000 BTC en el último mes, aprovechando niveles previos para rotar exposición.

Este flujo coincide con el conflicto entre:

  • Nuevas ballenas (ETFs y empresas públicas), con costes elevados y menor tolerancia a la volatilidad.
  • Ballenas históricas, con costes muy inferiores y amplia capacidad para distribuir sin estrés.

4. Liquidez base en contracción

La situación se ve agravada por la restricción de la liquidez global medida en stablecoins. El crecimiento de USDT y USDC se ha desacelerado notablemente, con episodios de quema relevantes y tensiones puntuales en la paridad.


Históricamente, como en 2022, cuando la liquidez en stablecoins se contrae, bitcoin entra en fases correctivas prolongadas.

5. Riesgo macro: política y correlación con tecnología

A este contexto se suma un factor macro no despreciable:

  • Cierre temporal del gobierno en USA. El cierre en sí no es el mayor riesgo, pero la incertidumbre posterior suele penalizar activos de riesgo. Impacto sobre la liquidez.
  • Bitcoin mantiene una alta correlación con las grandes tecnológicas, comportándose como una más pero apalancada.
    Si el NASDAQ y compañías como Microsoft, Apple, Meta o Tesla no consiguen marcar nuevos máximos, la capacidad de recuperación de bitcoin queda limitada.

6. Niveles y escenario cíclico

El mercado parece transitar una fase bajista del ciclo, activa desde hace unos 118 días.

Bajo este marco:

  • Nivel clave inmediato superior: 85.000 USD. Su pérdida tras vencimientos de opciones aumenta el riesgo de continuidad bajista.
  • Soporte intermedio actual: 75.000 USD, zona probable de test si la presión persiste.
  • Zona de resolución del ajuste: amplio, entre los 50.000 y los 60.000 USD, coherente con una corrección del 50–60% y próxima al precio realizado (~55.600 USD).

7. Lectura final

No estamos ante un evento de pánico sistémico, sino ante una fase de limpieza de excesos, donde la liquidez vuelve a ser el factor dominante. La adopción institucional no elimina los ciclos; los hace más técnicos y más sensibles al entorno macro.

Source: investing.com